martes, noviembre 24, 2009

Compañero de viaje


Corría el segundo semestre de mi segundo año en la universidad, no recuerdo el nombre de la asignatura, pero sí el nombre de la profesora que nos hizo el ramo, e inlcuso la sala, que era la 1-3, una sala enorme que tenía unos mesones gigantes, que estaban todos rayados, el graffitti que se repetía era del famoso botón y sus derivados: botón para desaparecer, botón para aprobar el ramo, botón para que lluevan berlines, entre otros. Fue en esa sala donde un día la profesora nos leyó un breve relato que me pareció sencillamente maravilloso.

En otro ramo habíamos estudiado hasta el cansancio "La metamorfosis" y yo quedé tan pegada con el tema, que mi cabeza no descansó hasta que dibujé en un papel algo asì como un bicho, ese bicho se supone era el de que hablaba Kafka, así pude exorcisar a Gregorio Samsa de mi cabeza.

En la edición de "La metamorfosis y otro relatos" de la editorial Andrés Bello, se incluyen otros textos de Kafka que son hermosos, entre ellos encontramos "Una mujercita", "Un médico rural" y otros más breves que incluyen el del que quiero escribir hoy "Compañero de viaje".

Estoy en la plataforma del tranvía, completamente en ayunas en lo que respecta a mi posición en este mundo, en esta ciudad, en mi familia. Ni siquiera por causalidad sabría indicar qué derechos me asisten y me justifican, en cualquier sentido que se quiera. Ni siquiera puedo justificar por qué estoy en esta plataforma, me sostengo de esta correa, me dejo llevar por este tranvía, las personas esquivan el tranvía, o siguen su camino, o contemplan los escaparates. Nadie me exige esa justificación, pero eso no importa.
El tranvía se acerca a una parada; una joven se ubica cerca del estribo, dispuesta a descender. Me parece tan definida como si la hubiera tocado. Está vestida de negro, los pliegues de su falda casi no se mueven, la blusa es ceñida y tiene un cuello de encaje blanco fino, el paraguas de su mano derecha descansa sobre el segundo peldaño. Su rostro es moreno, la nariz levemente contraída a los lados, es en la punta redondeada y ancha. Tiene abundante cabellera oscura y pelillos dispersos en la sien derecha. Su diminuta oreja es breve y compacta, pero como estoy cerca puedo ver todo el pabellón de la oreja derecha, y la sombra en la raíz.
En ese momento me pregunté:"¿Cómo es posible que no esté asombrada de sí misma, que sus labios estén cerrados y no digan nada por el estilo?"




jueves, noviembre 19, 2009

Adolescente


"Qué importa entonces que yo sea adolescente, siento, sufro, vivo menos por eso? ha dejado por eso de ocurrirme cuánto me ha ocurrido?"

Estas son palabras de Guillermo Blanco y aparecen en su libro "Gracia y el forastero" lo leí cuando tenía, quizá 15 años, estaba cuidando una casa y lo encontré en una estantería, lo leí, lo robé, de hecho fue el segundo libro que robé en mi vida, y luego lo perdí. Es un libro triste, bastante triste, sin embargo, las palabras del autor no se me borraron jamás.

Estando en un seminario de literatura chilena, por cierto literatura chilena actual, uno de los exponentes habló sobre "Promedio rojo" la película de Nicolás López, donde se retrata la pobre vida de un "nerd" que se enamora de la compañera extranjera que llega al colegio, no es una buena película, pero su director ya a los 12 o 13 años, escribía columnas en "Zona de contacto" una revista que marcó a una generación. Entonces, recordé esas frases de "Gracia y el forastero" y recordé mis adolescentes literarios favoritos y a los que no lo son tanto.

Matías Vicuña de Mala Onda

Santiago de Malos pasos

Gabriel de Gracia y el forastero

Marianela idem

García Madero de Los detectives salvajes

A los demás, por ahora, no los recuerdo

viernes, noviembre 13, 2009

El regreso a Fuguet



"No, no todo tenía que contarse, no todo era un libro, una escena, no todo lo que se vivía tenía que procesarse y entenderse narrando o inventándolo"


Estas palabras, está agnición más bien, se encuentra casi al final del libro de Alberto Fuguet “Missing”, cuya lectura me conmovió profundamente.
Tenía 14 o 15 años la primera vez que leí un libro suyo, ese libro fue “Sobredosis”, estaba en primero medio y el ejemplar ajado de Fuguet circulaba por las manos de mis compañeras como un texto clandestino, cuando una lo terminaba, lo pasaba a la próxima lectora inmediatamente, en ese tiempo algunas de mis compañeras vivían la ilusión del punk rock y alucinaron con “Los muertos vivos”, sobre todo Paulina, la Leyton, una compañera que llegó en 2° y nos revolucionó a todas, tenía el pelo rojo, fumaba marihuana, escuchaba punk, grunge, iba a tocatas y se vestía como a las mamás no les gusta que se vista una señorita, o sea, la Paulina era total, y nosotras queríamos ser como ella. Pasaron algunos meses y me acordé que una amiga tenía “Mala onda”, también de Fuguet, Jessica tenía el de la editorial Alfaguara, una edición muy bonita, pero carísima, y más aún, cuando es un texto que tienes que leer para el liceo. Le pedí el libro a mi amiga y lo leí, esto fue hace 9 años, pero aún recuerdo algunas escenas, cuando Matías está en Brasil y en la playa se escucha un tema de Eric Clapton, y a mi que me gustaba tanto Clapton, encontré genial que lo mencionaran en el libro, o esa vez que tuvo relaciones con una chica que lo embetunó en Calorub, pero especialmente el final, cuando termina con el viejo en un motel y cada uno con una mujer.


Alberto Fuguet y su tío Carlos Fuguet

Pasaron los años, se acabó el liceo, pasaron algunas cosas, entré a la Universidad a estudiar una carrera relacionada con literatura, llegaron otros libros, muchos libros, también gente, mucha gente inteligente y los gustos cambiaron irremediablemente y por alguna razón traicioné a Fuguet, traicioné mis primeras lecturas.
Hace 9 años que no tomaba un libro de Fuguet, hasta ahora, hasta hace dos días, en dos días devoré “Missing” y ahora que lo pienso, estuvo bien leer “Mala onda” a los 15, quizá es un libro para esa edad, pero “Missing” es un libro sensato, lúcido, quizá está bien leerlo ahora que tengo 24, percibo que Fuguet ha madurado como escritor, en “Missing” no sólo cuenta la historia de su tío Carlos y descarna a su propia familia, sino también hace una certera reflexión sobre el propósito de la escritura, sobre por qué contar o no algo, sobre cuál es el fin en ello. Carlos, el tío desaparecido de Fuguet, vuelve a aparecer en este libro, de alguna manera, vuelve a existir, una especie de Lázaro al que no le preguntan si quiere volver a la vida, y él al principio se niega, aunque al final se entrega, quizá ve en ello su redención. En el libro distingo dos procesos, uno es el de Carlos y la reconstrucción de su historia, sus altos y bajos, una decadencia que se vuelve cadencia al final. Por otro lado, la del propio Fuguet, quien no tiene reparos en hacerse parte del juego, de incluirse en la historia, de relatarse a sí mismo, pero esto no es crítica literaria. “Missing” es un libro cálido y a veces oscuro, un viaje en el que se llega a destino, no sin antes desviarse un par de veces.

miércoles, octubre 07, 2009

Rescatando las fotos perdidas



A los 14 años me regalaron mi primera cámara fotográfica, una que se usaba con rollos, una Kodak negra rectangular. Las fotos que tomé se perdieron, recuerdo una en particular, iba yo en el auto con tios y primos, pasando veloz por el camino, a lo lejos veo a un viejo sentado a la salida de su casa, quizá su casa era verde, entonces yo tomé la cámara y lo enfoqué a medida que nos acercábamos, el viejo me vio, se incorporó, tomó su bastón y se puso derecho, yo en tanto saqué la fotografía, lametablemente se perdió, como muchas otras. Años más tarde pude comprar una cámara digital, hice una secuencia que empezó en San Valentín donde mi modelo fue una simple estrella de cartón azul, llevé la estrella a muchos lugares y le hice muchas fotos, en el bus, en el centro de la ciudad, en la estación, en el tren, en la carretera. La única fotografía que conservo de ella, es la que puse en este blog.
He encontrado algunas fotos que están almacenadas en mi correo, algunas me gustan, otras son definitivamente horribles. Pero cuando las observo recuerdo exactamente el lugar y las sensaciones que sentí en ese momento, esas imágenes producen una pequeña magia en mí.




martes, septiembre 22, 2009

Minuto de alarma

Hace unos años cree mi primer blog, lo cerré, luego abrí otro que también cerré y hace unos dias gloglié mi nombre y apareció este blog que había olvidado por completo.

Aqui estoy de nuevo, no sé sobre qué escribiré, pero algo haré al respecto.