
Corría el segundo semestre de mi segundo año en la universidad, no recuerdo el nombre de la asignatura, pero sí el nombre de la profesora que nos hizo el ramo, e inlcuso la sala, que era la 1-3, una sala enorme que tenía unos mesones gigantes, que estaban todos rayados, el graffitti que se repetía era del famoso botón y sus derivados: botón para desaparecer, botón para aprobar el ramo, botón para que lluevan berlines, entre otros. Fue en esa sala donde un día la profesora nos leyó un breve relato que me pareció sencillamente maravilloso.
En otro ramo habíamos estudiado hasta el cansancio "La metamorfosis" y yo quedé tan pegada con el tema, que mi cabeza no descansó hasta que dibujé en un papel algo asì como un bicho, ese bicho se supone era el de que hablaba Kafka, así pude exorcisar a Gregorio Samsa de mi cabeza.
En la edición de "La metamorfosis y otro relatos" de la editorial Andrés Bello, se incluyen otros textos de Kafka que son hermosos, entre ellos encontramos "Una mujercita", "Un médico rural" y otros más breves que incluyen el del que quiero escribir hoy "Compañero de viaje".
Estoy en la plataforma del tranvía, completamente en ayunas en lo que respecta a mi posición en este mundo, en esta ciudad, en mi familia. Ni siquiera por causalidad sabría indicar qué derechos me asisten y me justifican, en cualquier sentido que se quiera. Ni siquiera puedo justificar por qué estoy en esta plataforma, me sostengo de esta correa, me dejo llevar por este tranvía, las personas esquivan el tranvía, o siguen su camino, o contemplan los escaparates. Nadie me exige esa justificación, pero eso no importa.
El tranvía se acerca a una parada; una joven se ubica cerca del estribo, dispuesta a descender. Me parece tan definida como si la hubiera tocado. Está vestida de negro, los pliegues de su falda casi no se mueven, la blusa es ceñida y tiene un cuello de encaje blanco fino, el paraguas de su mano derecha descansa sobre el segundo peldaño. Su rostro es moreno, la nariz levemente contraída a los lados, es en la punta redondeada y ancha. Tiene abundante cabellera oscura y pelillos dispersos en la sien derecha. Su diminuta oreja es breve y compacta, pero como estoy cerca puedo ver todo el pabellón de la oreja derecha, y la sombra en la raíz.
En ese momento me pregunté:"¿Cómo es posible que no esté asombrada de sí misma, que sus labios estén cerrados y no digan nada por el estilo?"
En otro ramo habíamos estudiado hasta el cansancio "La metamorfosis" y yo quedé tan pegada con el tema, que mi cabeza no descansó hasta que dibujé en un papel algo asì como un bicho, ese bicho se supone era el de que hablaba Kafka, así pude exorcisar a Gregorio Samsa de mi cabeza.
En la edición de "La metamorfosis y otro relatos" de la editorial Andrés Bello, se incluyen otros textos de Kafka que son hermosos, entre ellos encontramos "Una mujercita", "Un médico rural" y otros más breves que incluyen el del que quiero escribir hoy "Compañero de viaje".
Estoy en la plataforma del tranvía, completamente en ayunas en lo que respecta a mi posición en este mundo, en esta ciudad, en mi familia. Ni siquiera por causalidad sabría indicar qué derechos me asisten y me justifican, en cualquier sentido que se quiera. Ni siquiera puedo justificar por qué estoy en esta plataforma, me sostengo de esta correa, me dejo llevar por este tranvía, las personas esquivan el tranvía, o siguen su camino, o contemplan los escaparates. Nadie me exige esa justificación, pero eso no importa.
El tranvía se acerca a una parada; una joven se ubica cerca del estribo, dispuesta a descender. Me parece tan definida como si la hubiera tocado. Está vestida de negro, los pliegues de su falda casi no se mueven, la blusa es ceñida y tiene un cuello de encaje blanco fino, el paraguas de su mano derecha descansa sobre el segundo peldaño. Su rostro es moreno, la nariz levemente contraída a los lados, es en la punta redondeada y ancha. Tiene abundante cabellera oscura y pelillos dispersos en la sien derecha. Su diminuta oreja es breve y compacta, pero como estoy cerca puedo ver todo el pabellón de la oreja derecha, y la sombra en la raíz.
En ese momento me pregunté:"¿Cómo es posible que no esté asombrada de sí misma, que sus labios estén cerrados y no digan nada por el estilo?"



